Investigadores nortemericanos analizaron archivos confidenciales para el libro Diplomacia encubierta con Cuba



La imagen pública o una de las más común sobre la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos es la falta de comunicación entre ambas naciones, sin embargo, Peter Kornbluh y William M. LeoGrande, autores del libro Diplomacia encubierta con Cuba, publicado por el Fondo de Cultura Económica, dejan en claro que, sin excepción, todos los presidentes estadounidenses, desde Kennedy hasta Obama, han tenido múltiples intercambios con el gobierno cubano.



“El presidente Obama ha cumplido con un proyecto que otros presidentes trataron de emprender, empezando con Kennedy, quien a lo largo de historia ha sido vinculado a los actos de agresión más fuertes contra Cuba como lo ocurrido en Bahía de Cochinos, la crisis de octubre, el embargo que se mantiene hasta hoy; pero la historia revela que Kennedy estaba en conversaciones muy secretas con intermediarios para pasar mensajes a Cuba y quería organizar una reunión con algún representante de Fidel Castro para armar una agenda y discutir temas importantes entre los dos países”, explica en entrevista Peter Kornbluh quien es, desde 1986, jefe de análisis del Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, una ONG localizada en Washington, donde actualmente dirige el proyecto de documentación sobre Cuba.



Kornbluh recuerda que en los Estados Unidos hay teorías de conspiración que sostienen que Kennedy fue asesinado justo por proponer un acercamiento con Cuba. “Es una teoría en la que no creo, pero lo que sí es cierto es que muchos de los presidentes de mi país han tratado de normalizar las relaciones con la isla, pero de una manera muy secreta. El asunto de Cuba sigue siendo un tema muy delicado, despierta mucho debate y desacuerdos, por eso cuando Obama y Raúl Castro anunciaron que iniciaban las conversaciones fue una gran sorpresa para muchos”, dice.



Diplomacia encubierta con Cuba presenta una crónica de la historia de este diálogo, en un intento por evaluar el registro histórico de las negociaciones, tanto secretas como oficiales, en un momento especialmente pertinente: tanto Washington como La Habana parecen haberse dado cuenta de que los intereses internacionales, nacionales y mutuos de sus países se beneficiarían con la negociación exitosa de relaciones bilaterales normales.



“Yo creo que Obama aprendió las lecciones de la historia y el diálogo lo está ejecutando de una manera más efectiva. Poner las banderas en cada uno de los países es un cambio muy grande, simbólico. Todavía hay muchos obstáculos para el futuro como el embargo que no se puede levantar si no se vota en el congreso; también está el asunto de Guantánamo y los temas de propiedades expropiadas. El punto no será sólo normalizar las relaciones diplomáticas, sino que inicie una relación normal y completa”, sostiene Kornbluh, uno de los principales impulsores de la Ley de Libertad de Información, que ha permitido desclasificar archivos secretos del gobierno de los Estados Unidos, en particular los que lo vinculan con Chile y Pinochet.



La historia diplomática oficial entre Cuba y Estados Unidos desde la década de 1960, parecía estar detenida en un ambiente propio de la Guerra Fría: de hostilidad política y bloqueo económico, “hostilidad perpetua” le llamaba Henry Kissinger.



Es, hasta este trabajo de investigación de archivo y periodístico, que es posible conocer las negociaciones encubiertas dadas en estos años.



Los personajes involucrados, sus nombre secretos, las circunstancias, las posturas políticas, los encuentros y desencuentros que permitieron generar acuerdos en temas de interés común como la cooperación médica, la libertad de presos políticos, intercambios civiles, la migración, el papel de otras naciones, el narcotráfico, o bien el paulatino restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, están presentes en este volumen.



Sobre la relación de México, Kornbluh sostiene que entre los documentos resalta uno en torno de una reunión entre el entonces presidente Adolfo López Mateos y el jefe de la CIA, en los 60. “México estaba tratando de mejorar su relación con Estados Unidos, al mismo tiempo que quería apoyar a un nuevo movimiento revolucionario en Cuba. El presidente le explicó a la CIA que había una gran parte de la sociedad que simpatizaba con Cuba. Y en 1964 muchos de los países latinoamericanos rompieron con Cuba, menos un país, para que hubiera un vehículo de comunicación, y ese fue México”, cuenta.



Las entrevistas realizadas por los autores a los protagonistas, como Fidel Castro y Jimmy Carter, el develamiento de archivos ocultos y más de 25 fotografías inéditas, hacen de esta obra, de acuerdo con los autores, una herramienta para entender el momento político en el que se publica.



“Yo creo que en el último año de Obama vamos a seguir viendo avances en este sentido. La sociedad cubana está esperando que los cambios se den de manera rápida, no será así pero ya están modificándose las cosas, por ejemplo, los autos viejos que son una mina de oro porque significan un negocio en el turismo, los están arreglando; pero los avances no se están dando de manera sustancial para la gran mayoría. Ahora mismo hay miles de jóvenes que quieren salir porque creen que con la normalización de las relaciones se acabarán los beneficios en Estados Unidos, en donde hay leyes especiales para ellos. La realidad es que en algún momento serán migrantes como cualquier otro ciudadano del Tercer Mundo. No sé si ocurrirá pronto, en este momento hay un fuerte debate sobre las leyes migratorias. Lo que sí no se desea es que muchos cubanos tomen medidas no seguras para llegar al país, se tiene que aprender de las experiencias del pasado. Todas estas crisis de migración también están en el libro, como la crisis de los balseros en 1994”, dice.



Fuente: http://www.eluniversal.com.mx